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¿Cómo te sentiste el día 11? Por André Jouffé

 

 

Habitualmente por éstas fechas la gente recuerda y relata el día mismo, lo que hicieron, lo ocurrido, lo sufrido o celebrado (la mitad de la población chilena en este último grupo).

Mi experiencia va al final pues la he relatado en varias oportunidades

Walter y Sadie (tíos políticos) aunque furibundos enemigos de la Unidad Popular cavilaban. Les habían expropiado el fundo 15 meses antes: “Tarde pues llegó la cosa”, aunque omitían que la orden de expropiación se cursó a mediados del gobierno de Frei padre.

Un señor Cummings para quien hice unas relaciones públicas años antes, no cabía en sí de regocijo pues soñaba con la devolución de tierras e industrias y mostro en su polaroid fotos de como se había tirado con ropa y todo a la piscina al enterarse.

En los días posteriores, en las pocas horas libres para circular reencuentro al mejor amigo de mi infancia, Edgardo Ziede Gómez en Bandera con Huérfanos. Él estaba más a la punta que el MIR. Nos saludamos y le pregunté asombrado: ¿Qué haces si debes de estar más fichado?

“Denis, no está todo dicho, hay Carabineros en masa que están preparando un contragolpe. Yo a la sobra pegando afiches y pintando paredes. Ya verás…”

Y si, lo vi años después en la lista de detenidos desaparecidos.

Hubo gente que se enajenó totalmente de la realidad.

Guillermo Hashcke chileno, radicado en Paris desde los años sesenta, inició de inmediato marchas y protestas, exigencias al gobierno de derecha  George Pompidou (fallecido el 2 de abril de 1974) para dar asilo a compatriotas cosa que realizó en forma valiente una persona no precisamente de izquierda que fue el embajador de Chile en Francia, el conde  Pierre de Menthon.

Años más tarde visitaría su casa invitado por la descendencia en Montmirey al sur de Francia. Todos hablaban español hijos y nietos. Una hija trabajaba en el Eliseo. Su cocinero Chávez, trabajó luego en la sede chilena en Paris.

Fueron momentos agradables compartidos 22 años después del golpe.

Harald Edelstam embajador sueco apodado el clavel negro, por su parte falleció recién hace ocho años y lo visité en Estocolmo cuando fui a entrevistar a Olaf Palme. La casa de la sede reventaba de gente; el titular fue expulsado del país y su generosidad legó a extremos increíbles.

Suecia y Francia a nivel europeo abrieron sus puertas de par en par y debo de reconocer que muchos compatriotas manifestaron una conducta asquerosa aprovechándose de la generosidad e ingenuidad europeo. En Francia, por ejemplo, se robaban los colchones sacándolos por la ventana por las noches de las familias que los acogieron. Y Oscar Guillermo Garretón se colgaba de los teléfonos públicos con un cable especial para llamar gratis a Chile lo cual le fue reprochado constantemente por Ricarte Soto (usaba los de la gare de Montparnasse). Pero seamos honestos, fueron los mínimos y los reflejó Raúl Ruiz en “Dialogo de exiliados”  una de sus primeras película en Francia. Lógicamente que la colonia la recibió a regañadientes y furia.

En Chiloé, el cura Abel Macías Gómez saco a pilotear su avión de puro contento ese mismo once en la tarde En Ancud el director del diario la Cruz del Sur tomó esto como una bendición igual que, desgraciadamente el celebrado médico psiquiatra Otto Dorr.

Castigado por el Señor, en una maniobra de aterrizaje en su avión descapotado, algo le hizo levantar la mano al sacerdote y justo un alambre abastecedor de la corriente le partió el pulgar en dos (debió usar un parche especial para disimular el dedo cercenado)

Luis Sepúlveda, querido amigo escritor y buen mentiroso que era dio varias versiones: que estaba con el GAP, falso, que lo habían destinado ese día a una fábrica deshidratadora de ciruelas en Puente Alto (nunca lo pude comprobar) pero en tres entrevistas publicadas hubo igual número de versiones de su once. Sin embargo, fue consecuente con sus ideas y cuando vio la comercialización de lo que fue la oposición chilena, después del 90, se alejó de lo partidario y comenzó a atacar al gobierno y a los frescos. Su voz fue importante en la prensa mundial y en las conferencias, más que sus libros que salvo tres, el resto de la producción dista mucho de ser óptima. Gran amigo de sus amigos abrió las puertas a Francisco Coloane y ayudó a Hernán Rivera Letelier para abrirse paso en las editoriales galas. Ramón Díaz Eterovic tuvo el mérito de hacerlo solo. También fue gran colaborador de Víctor Hugo de la Fuente, su mejor amigo. No así de Volodia Teitelboim. Sobre esto último cuando Guillermo Haschke se lo presentó en Saint Malo casi no le da la mano. Lucho estaba resentido.

Aunque la noche del 12 al 13 más que la del mismo golpe hubo situaciones eróticas inesperadas cuando algunas parejas encontraron refugio y ajenos a la balacera evadieron sus pensamientos con eros presente. Hay varias historias no contadas y la mía en el hotel Valparaíso, cerca de la estación Mapocho fue más bien sufrida.

Imposible olvidar a una prostituta de Coquimbo que conocí en agosto, me mandó en noviembre una postal desde Santa Fe, Argentina: “Querido Denis, aquí estoy en lo mismo pero le “azeguro” que este país correrá igual suerte que el nuestro”.

Esas postales y cartas como las de Ernesto Guevara Lynch uno se pregunta dónde diablo las dejó.

El 10 de septiembre en la noche Ariosto Lapostol Comandante del regimentó de La Serena me saludaba afectuosamente acompañado del capitán Juan Emilio Cheyre. Se inauguraba el festival de teatro popular juvenil  Eran las siete de la tarde.

Quince horas después, ordenaba que nos pusiéramos contra la pared en la Intendencia cuando allanan y saca al PC de apellido Rojas. Como les he contado, si bien yo trabajaba en Quimantú los fines de semana cubría deportes de los llamados de escaso interés para el proletariado para El Mercurio. Generosamente Alfredo Aceituno director de deportes del decano me había pasado una credencial. Cuando se la mostré al presunto colaborador de la Caravana de la Muerte, me dejó ir para que cubriera hasta el toque de queda “lo que sucedía ese día glorioso”.

El resto, una camioneta hasta Los Vilos de la Corfo, de ahí a los Andes Mar Bus, los rápidos de Chile marca Chausson, rumbo a Santiago orillados por Carabineros. La noche en el patio de la empresa con las balaceras volando sobre nuestras cabezas y al día siguiente al menor descuido, cruzar la calle al hotel parejero Valparaíso.

Con el tiempo comenzaron a llegar las cartas del exilio de amigos, los mejores, en el exilio y los pude reencontrar muy pocos para el mundial del 74 en Alemania pero si en el 76 en otro viaje. Después el cartero golpea dos veces, escondía los dólares en la ropa no en la maleta, para entregar a gente que se me indicaba para que sobreviviera.

Para culminar: la morbosidad del chileno. A bordo del bus que nos traía de Los Vilos, la gente comentaba: dicen que mataron a Aníbal Palma, a Hernán del Canto, a Luis Corvalán, etc. Como reza bien esa canción chilena. La copucha, la copucha, la copucha va creciendo.

Los pasajeros inventaban cualquier cosa ya que la radio sólo emitía comunicados.

Lo interesante dentro del pánico era observar esos rostros; algunos dichosos, otros muertos de preocupación por saber el destino de su entorno.

Con o sin golpe, tropezábamos hacia el fracaso. El castigo recibido fue implacable y excedido en todo sentido: en crueldad y en años.

Como en paz descansa, Heinz Richter, médico de cabecera de Lucia Hiriart

 (cuando eran pobretones), y por coincidencia de mi padre, me comentó un  día: efectivamente el cuerpo médico en parte, esta boicoteando al gobierno.

Dimos un espectáculo mundial no por lo que se llamó la recuperación económica; sino en museos la foto del bombardeo a la Moneda. Hoy en día es común que lancen bombas contra sedes presidenciales, pero en esos tiempos, quizás la referencia al Reichstag.

Mi indignación culminante fue en 1972 cuando descubrí a militantes UP metidos en el mercado negro. Mientras otros, tan militantes, lo pasaban mal.

Gobierno de buenas intenciones, malos gestores.

Lo que viene en noviembre, no promete golpe, pero la quina (partieron como en la canción diez indiecitos ahora solo quedan siete pero correrán cinco), no me asegura un futuro esplendor.

La cantidad abrumadora de acontecimientos me impide más historias así como más orden. Pero fue un día de bombardeo, ¿o no?