Información:
Cuatro empresas angolinas apoyaron al cl Regresaron de Paraguay Instructores d Forestal Angol , presente en el lanzamie Reconocimiento Profesor Cabrera Club de Vóleibol Llufken de Angol Alcalde de Saavedra valoró cuarentena to Senadora Aravena pide a los Municipios m Mesa público-privada encabezada por Canc Chile, ¿país honesto? Por Jorge Abasolo Bienes Nacionales de La Araucanía hace l

Municipios y…abusos (POR JORGE ABASOLO)

 

 

La ley municipal es hija de la clase política que tenemos. Considera como legítima la politización de ella y consagra el cuoteo político como algo “normal”

 

ES SABIDO que los municipios son cada vez más importantes para los ciudadanos: la búsqueda de mejor calidad de vida es el signo de los tiempos, los alcaldes administran más recursos y aumentan los desafíos derivados del crecimiento de la ciudad.Hoy por hoy, los municipios operan como la “primera puerta del Estado” hacia la sociedad y, en muchos casos, terminan poniendo en práctica y gestionando con recursos propios las iniciativas diseñadas por el Gobierno central. Esto explica el proyecto del gobierno en el sentido de fortalecer el Fondo Común Municipal (FCM), para que las comunas de mayores ingresos aporten con más recursos. Si bien, dicho instrumento, creado en 1979, ha sido una fórmula útil para equilibrar ingresos entre las diversas municipalidades, no ha suido suficiente para corregir las desigualdades de fondo.

Aunque la iniciativa es loable, ello no debe descuidar una mejora sustancial de la gestión interna de los municipios, muchas veces administrados de manera ineficiente, penosa, poco transparente y con bajos indicadores de probidad.

 

 

 

La paradoja es que la administración de los municipios ha ido empeorando con el paso de los años. No solo se trata de ineficiencia que se traduce en suciedad, abandono y mal empleo de recursos, sino que además nos estamos informando cada semana de nuevos casos de corrupción.

 

 

La ley municipal es hija de la clase política actual. Luego, consagra la politización partidista del quehacer del municipio(abducida por las colectividades de turno) y admite con desenfado el cuoteo político en el añoso muro de las costumbres. Es decir, como cuestión “natural” a su labor.

La inmensa mayoría de los alcaldes debe sus cargos a intrincadas –y a veces espurias- transacciones de las directivas partidistas. La mediocridad de los concejos, es una invitación para llorar a mares, lo que explica esa creatividad vicaria que entumece, lejos de innovar y progresar.

 

LO QUE COLMO EL VASO…

Todos los alcaldes se subieron los sueldos, amparados por la pandemia; y antes por el narco estallido social. ¡Es una vergüenza!

Todo ello contó con la complacencia rampante de los concejales, pues a cada uno le contrataron un pariente o amigo en el municipio. La práctica vieja, pero no deja de irritar.

Es tan escandaloso todo esto, que a la periodista encargada de “Imagen Pública” del alcalde de Las Condes, se le fijó un sueldo de $10.000.000 (DIEZ MILLONES DE PESOS MENSUALES). Huelga decir que en ese municipio existen seis funcionarios con similar remuneración.

En la ciudad de Los Angeles (octava región) el alcalde ahora percibe un sueldo de 9 millones de pesos, más auto, chofer y jugosos viáticos.

No le quiero amargar el día, amigo lector, pero le sugiero que averigüe por Internet los sueldos de los alcaldes de sus comunas. Se encontrará con más de una sorpresa.  ¿Cómo explicar que en comunas pequeñas los concejales estén ganando aproximadamente 750 mil pesos cada uno?

En una comuna de cuyo nombre no quiero acordarme (queda muy cerca) el costo del Concejo es de 136 millones al año. ¡Sólo para concejales y alcalde!

¡Y aquí viene lo Digno de Ripley!

 

Los recursos destinados para recursos de inversión alcanza la cifra de 50 millones. Esto contraría el más elemental precepto de un Manual de Economía.  Es decir, lo que se destina a inversión es mucho menos de lo destinado al pago de concejales, alcaldes y sus consecuentes sinecuras o privilegios. ¡El mundo al revés!

Esto es una oda a la irracionalidad. Acaso comunas como a la que aludo, ¿no podrían ser absorbidas por la capital de la provincia…y eliminar estos gastos faraónicos?

Y me surge otra pregunta al amparo de estos abusos. ¿Por qué comunas pequeñas del país eligen seis concejales?  ¿No pueden operar con tres o cuatro?  Lo que el país ahorraría sería de gran utilidad para llevar a cabo obras sociales como poblaciones, hospitales y un largo etcétera.

Los diputados, cuya labor cardinal es fiscalizar, no han hecho nada al respecto. ¿La razón?   Una mixtura de ignorancia con omisión deliberada.

Bien sabemos que los alcaldes tienen su nicho de votos asegurado, y –por ende- actúan como caciques del o los diputados de la zona cuando coinciden en cuanto a colectividad política. Un alcalde PPD puede asegurar la reelección de un diputado PPD, lo mismo un RN, un DC y así por el estilo.

Se trata de un andamiaje bien armado y nada fácil de desmontar.

Es mejor hacer la vista gorda.

 

En todo caso, los propios  municipios deben ser más activos en la recaudación de sus propios ingresos (pago de patentes, permisos, licencias y tasas de derecho, por ejemplo, para evitar una excesiva dependencia del FCM.

A su vez, se hace necesario impulsar –a través de programas y ayudas de la Subdere, universidades y fundaciones- la configuración de elencos de profesionales en áreas clave como la administración de recursos, la dirección de planes de desarrollo o la planificación urbana. ¡Ah…! Y desde luego, elevar los estándares de transparencia, probidad y rendición de cuentas a los que están sujetos los municipios, demasiado laxos en comparación, por ejemplo, con la administración  central.

Si la discusión se centra acerca del poder partidista, cargos a repartir o transacciones compensatorias, todo esto quedará en el fango del olvido.

Como para encontrarle la razón a ese chico, cascarrabias pero genial llamado Napoleón:”Quand ceux qui gouvernent perdent leur honte, les courses perdent leur respect ».

 

(“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los mandados pierden el respeto”)